Exponencial: la tecnología está dejándonos atrás

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Resumen

Vivimos en la época exponencial, caracterizada por nuevas tecnologías que aparecen y se adoptan a una velocidad cada vez mayor. Lo que antes tardaba décadas en imponerse, ahora solo necesita algunos meses para ganar el mercado.

Esto provoca una brecha entre las empresas que aplican estas tecnologías exponenciales y ocupan la posición predominante, y las instituciones, políticas, económicas y sociales que se adaptan a un ritmo lento y lineal.

El autor, Azeem Azhar, propone formas de reducir la brecha haciendo instituciones más resilientes para afrontar los diferentes retos desde el punto de vista de: empresa, empleados, entorno geopolítico y sociedad.

En definitiva, sin hacer predicciones, expone los hechos a través de múltiples ejemplos con los que aspira a acercarnos al terreno sobre el que nos movemos y proporcionar una guía inicial sobre por dónde pueden ir las cosas en un plazo no tan lejano.

Lo mejor es que no es un libro pesimista sino que se apoya en la capacidad de adaptación de los seres humanos y de cómo hemos superado otras disrupciones mejorando y creciendo en el camino.

Diez ideas clave en «Exponencial»

Los humanos somos tecnólogos, aunque no lo «sepamos»

Los seres humanos siempre hemos buscado formas de simplificar o mejorar nuestro día a día a través de la tecnología.

Las tecnologías transforman la manera en que vivimos y por ello, no son independientes a otras fuerzas de la sociedad como instituciones políticas, económicas, culturales o sociales.

Por ello, es importante entender el contexto en el que nos movemos:

  • La tecnología no es algo independiente de las personas. Está definida y construida por personas, que acaban decidiendo el comportamiento del resto.
  • Existe una brecha entre dos culturas: 1) tecnólogos de facto como ingenieros software, desarrollo de producto y ejecutivos de Silicon Valley, y 2) el mundo de las humanidades, las ciencias sociales.

Los pensadores en cada lado, buscan imponer su punto de vista con la “soluciones” correctas de su ámbito. De ahí, que sea prioritario unir posturas, facilitando que los tecnólogos vean sus “esfuerzos en un contexto social más amplio” y que los humanistas entiendan mejor las tecnologías que están cimentando la sociedad.

Ahora, vivimos en una época exponencial.

Estamos en un momento de cambio radical o fase de transición donde las nuevas tecnologías se están desarrollando a gran velocidad, con tasas de crecimiento sostenido anuales que superan los dos dígitos y costes decreciendo a un ritmo similar.

Tecnologías exponenciales
Fuente: Exponential de A. Azhar. Número de años para pasar desde un 10% a un 75% de penetración en el mercado de un tecnología. EE.UU.

La implantación de cualquier nueva tecnología sigue una forma de «S». Primero arranca muy despacio con unos pocos pioneros o “early adopters” empezando a probarla. Luego se va estableciendo en casi todos los sitios hasta un punto de saturación donde se vuelve a ralentizar. En el caso de las tecnologías exponenciales, el punto de inflexión ocurre mucho más rápido: de décadas se ha pasado a cuestión de meses.

Y esto sucede en torno a cuatro dominios relevantes: computación (la precursora junto con la Ley de Moore), energía, biología y fabricación.

Todos ellos son campos de propósito general (GPT – general purpose technologies), es decir, invenciones que no se suscriben al sector donde se han creado sino que tienen una aplicación más amplia.

En conclusión, la aceleración se produce por:

  • Bucles de retroalimentación donde una mayor demanda impulsa la adquisición de habilidad que permite seguir innovando, ofreciendo y generando más demanda (Ley de Wright).
  • El efecto combinatorio de las tecnologías de propósito general y la estandarización.
  • Redes de información y comercio más accesibles.
  • Mercado libre y globalización.

Las empresas de la edad exponencial se rigen por unas nuevas fuerzas del mercado

Por un lado, está el efecto de la red. Los productos y servicios tienen valor en función de uso y expansión dentro de una red de asociados, amigos, conocidos o simplemente personas compartiendo intereses.

No necesitan seguir aplicando las tácticas monopolistas anteriores ya que, la escala masiva surge orgánicamente, con mayores oportunidades de hacerse con todo el mercado (“winner-takes-it-all”).

Por otro lado, se imponen una nueva cadena de valor: las plataformas. De un modelo lineal (bienes -> producción -> distribución -> marketing -> ventas) se pasa a un modelo de plataforma.

Ahora los nuevos negocios no controlan el producto y su fabricación sino que relacionan a los fabricantes con consumidores. Y lo hacen en un medio “infinito”, digital, y sin sufrir el efecto de retornos decrecientes que se producen al escalar la producción y la burocracia en empresas tradicionales.

Además, aparecen los bienes intangibles como los principales generadores de valor. Un valor intangible es algo que puede costar mucho hacerlo por primera vez pero es muy sencillo de copiar. Por ello, el valor real está en el conocimiento o «know-how», en saber hacerlo, no tanto en ensamblar piezas o el proceso de fabricación.

Y, cuando la economía intangible es tu motor, las empresas pueden escalar hasta unos límites insospechables.

Por último, el foco principal es el crecimiento frente a eficiencia (blitzscale). Las empresas exponenciales se centran en crecer más y más, y convertirse en el único “jugador” del mercado al que todos acuden ya que, ser el segundo no es una opción.

Los trabajadores se enfrentan a una economía rápidamente cambiante donde los menos preparados y con trabajos automatizables, van a ser los más impactados.

El mercado laboral en la época exponencial también evoluciona y pasa a estar definido por tres características fundamentales:

Primero: mayor automatización.

En general hay miedo porque «las máquinas nos van a dejar sin trabajo» aunque, el efecto que se ve en la realidad es que las empresas con mayor grado de automatización (Amazon, Netflix), son las que más empleos están generado.

Aparentemente, los trabajos que se van a destruir van a ser en aquellas empresas que no saben anticiparse o adoptar la automatización de forma eficiente y en consecuencia, desaparecen.

Con ello, el autor desmiente que la automatización vaya a destruir el volumen de puestos de trabajo. Es un juego de suma cero donde: se destruyen trabajos que se pueden automatizar (contabilidad, radiólogos), se mantiene otro no fácilmente reemplazables (cuidado de personas), y se crean otros a partir de las nuevas tecnologías (gestión global de automatización, etc)

Segundo: menor calidad de los acuerdos laborales con pequeños trabajos bajo demanda (gig economy).

El incremento de la economía intangible premia el conocimiento frente al trabajo físico.

Con ello, se amplía el gap entre las personas altamente cualificadas y las personas con menor nivel de cualificación que se van posicionando en trabajos pequeños y concretos bajo demanda, donde el trabajador es autónomo y con ello sufre la inestabilidad e inseguridad típicas.

Tercero: gestión y control de trabajadores mediante algoritmos e inteligencia artificial.

Cada vez hay herramientas más sofisticadas para filtrar los procesos de admisión, en muchas ocasiones generados con datos sesgados, y máquinas que pueden controlar el rendimiento de cada trabajador en su puesto.

Con un mercado consolidado en torno a unas pocas empresas “súper estrellas”, hay menos competencia para los trabajadores y menos palancas de estos para negociar, al tiempo que los sindicatos han perdido su fuerza o son prácticamente inexistentes.

Vuelta a lo local y mayor importancia de las ciudades

Después de la crisis del 2007-2009, se empezó a ver cierta necesidad de ser autosuficientes y está habiendo un retorno progresivo a los nacionalismos y a la producción local, facilitado en gran parte por las nuevas tecnologías:

  • Fabricar  de manera más efectiva localmente con impresoras 3D y procesos de fabricación aditivos.
  • Ser menos dependientes de los carbones fósiles generando nuestras propias energías renovables.
  • Llevando la fabricación de chips localmente y ser independientes, al menos en parte, de las grandes fábricas chinas.
  • Métodos de agricultura más ecológicos, optimizados en espacio y controlados por algoritmos. Como ejemplo las granjas verticales que ya se ven en Japón y que permiten acercar la producción de productos a los hogares finales.

Esto puede desestabilizar a las economías más dependientes del comercio mundial. Aunque todavía seguiremos necesitando bienes brutos como los materiales raros o el litio de nuestra baterías normalmente en manos de países en vías de desarrollo, las naciones que tengan acceso a las tecnologías exponenciales serán más independientes, mientras que el resto se quedará atrás.

Adicionalmente, las ciudades adquieren mayor importancia que como caldo de cultivo de las innovaciones, son los centros del conocimiento y de la creación de riqueza, lo que ha llevado al incremento de las megalópolis con la gente desplazándose masivamente a ellas.

De hecho, con las ciudades ocurre también un efecto amplificador. Una vez una ciudad se establece como el “lugar al que hay que ir” para un tema concreto (ejemplo: inteligencia artificial), los mejores investigadores del mundo en ese campo, tienden a moverse allí.

En consecuencia, presentan unas necesidades específicas diferentes del resto del estado, que las nuevas tecnologías facilitan permitiendo, cada vez más, su autosuficiencia en energía, comercio y comida.

Nuevas amenazas y tipos de guerras

Los avances de las últimas décadas han dado lugar a nuevas amenazas y tipos de batalla.

Primero, en el campo de la ciberseguridad. Cada vez hay software (malware) más sofisticado y dañino que puede paralizar, en cuestión de minutos, las empresas claves de cualquier país (energía, salud, transporte…).

Segundo, con desinformación. Las noticias falsas, que sirven para sembrar caos o desorientar al enemigo, son muy virales a través de las redes sociales y bien dirigidas por la inteligencia artificial.

Por último, con drones autónomos preparados para atacar objetivos enemigos complejos.

Todo esto unido a que además: 1) son tecnologías cada vez más económicas, y por tanto, accesibles; 2) no conllevan riesgo físico para el atacante y 3) su complejidad diluye la autoría, en muchas ocasiones desconocida.

Por ello, llevan tiempo nutriendo al crimen organizado y a naciones que, históricamente, no han entrado en conflictos bélicos por lo limitado de sus recursos como, por ejemplo, Corea del Norte o el régimen iraní.

Y lo preocupante es que ni los estados, ni el resto de la población estamos equipados para luchar contra ello, ni en términos de defensa donde apenas los gobiernos están estableciendo foco y grupos dedicados en este campo, ni con leyes y acuerdos internacionales que están obsoletos.

El código es la ley

En la época exponencial, el “código es la ley”. Las personas interactuamos según nos permiten las herramientas que facilitan nuestro acceso a internet y modificamos los comportamientos en función de las capacidades y uso de las aplicaciones.

Las compañías tecnológicas, que proporcionan las herramientas, empiezan a controlar el ámbito público con normas, reglas y controles sobre nuestras actuaciones. Se convierten en jueces sobre el uso de sus productos donde pueden censurar o por el contrario, permitir conversaciones que agitan y pueden escalar en violencia.

Además, cómo nuestras interacciones y conversaciones se han movido al ámbito online, nuestro «yo» digital (doppelganger), contiene mucha información sobre quienes somos.

Por último, las plataformas digitales no solo conocen nuestra vida pública y personal, sino que determinan en muchos casos, cómo y con quién nos relacionamos.

El valor que nuestros datos personales tienen para las compañías hacen que se compren y se vendan, muchas veces sin que nos demos cuenta, y sin tener en cuenta otros problemas que conlleva el tratamiento de datos como: sesgos demográficos, la falta de diversidad al sólo relacionarnos con personas similares y el uso ilícito, no deseado por la persona afectada.

Las empresas exponenciales y el mercado adquieren más poder, al tiempo que se difuminan las líneas entre consumidor y ciudadano con control sobre su ámbito privado.

Aparece la brecha exponencial

Todas disrupciones provocadas por las nuevas tecnologías están generando un brecha cada vez mayor:

  • Entre las empresas e instituciones de “la edad anterior” desarrolladas sobre un modo de pensamiento lineal donde los cambios tardan décadas en despegar.
  • Y las nuevas compañías que, cimentadas sobre tecnologías exponenciales, traen avances en cuestión de meses con el correspondiente impacto social.
Brecha exponencial
Fuente: Exponential de A. Azhar. Brecha exponencial entre las instituciones tradicionales que crecen a un ritmo lineal y las nuevas empresas que avanzan a un ritmo exponencial.

Y esto ocurre porque en general, los humanos somos malos realizando operaciones con grandes números, nos cuesta predecir la cadencia de un cambio exponencial, solemos infraestimar y nos cuesta adaptarnos a ello.

Es momento de reducir la brecha exponencial

Pero, estamos a tiempo para reducir la brecha exponencial en los diferentes ámbitos donde se está produciendo:

Controlando las nuevas formas de monopolio en contexto empresarial

Primero, dándonos cuenta de que existen los “ganadores se quedan con todo el mercado”.

A partir de ahí, creando nuevas regulaciones para controlar los conflictos de intereses entre pequeños proveedores y grandes plataformas que surgen del acceso a una escala masiva y de la infraestructura de poder, en manos de las últimas.

Además, es necesario controlar la adquisición de pequeñas compañías por otras más grandes y exigir transparencia, con auditorías, informes y compromiso de compartir otra información con las autoridades por parte de estas últimas.

Por último, facilitar la interoperabilidad que permita la transferencia de activos y datos entre plataformas.

Creando un contexto laboral más justo

Primero, concediendo la dignidad que todo trabajador necesita, sin sentirse espiado por algoritmos, donde conozca mejor los datos que las empresas tienen de él y con mejores explicaciones sobre cómo los algoritmos toman las decisiones.

Segundo, proporcionando flexibilidad, tiempo y recursos para que las personas puedan reciclarse a las nuevas demandas del mercado.

Tercero, ofreciendo un entorno seguro con mayor tolerancia a la hora de contratar y despedir por parte de los empleadores, al tiempo que proporcione seguridad a los empleados con un salario mínimo cuando estén desempleados.

Por último, trabajando para conseguir una distribución más equitativa del “pastel” económico generado, facilitando que los trabajadores se preparen para poder optar a mejores salarios.

Seguir reconociendo la importancia de la cooperación internacional y buscar un equilibrio entre lo rural y urbano.

Si no es mediante el comercio, es necesario seguir colaborando en términos de interés global como ecología, cambio climático, inteligencia artificial, y a través de grupos internacionales más pequeños, enfocados en problemas concretos como por ejemplo, regular el mundo digital.

Adicionalmente, se propone un modelo federal con mayor poder en regiones y ciudades para que se puedan gestionar las necesidades específicas de cada uno.

Prepararnos mejor ante las amenazas

Para empezar, se necesita que el estado asuma la responsabilidad de prevenir las escaramuzas digitales que pongan en riesgo a sus ciudadanos y empresas.

A partir de lo anterior ya es responsabilidad de todos:

  • Educar y aprender sobre noticias falsas, su potencial peligro desestabilizador e impulsar el pensamiento crítico.
  • Reducir la proliferación de superficies de ataque, de nuevo, enseñando, aprendiendo y usando: contraseñas seguras, actualizaciones de aplicaciones periódicas, antivirus y métodos para identificar el phishing.
  • Establecer reglas de desescalada antes potenciales conflictos accidentales, así como un “teléfono rojo” para evitar malos entendidos con consecuencias nefastas.
  • Prohibir los software que facilitan el hackeo («intrusion as a service») así como empresas que desarrollen malware (NSO Group y su software espía Pegasus).
  • Adaptar las regulaciones, como las de la OTAN, para tener en cuenta este tipo de armas y no solo los ataques físicos.
  • Definir un marco de actuación legal sobre las consecuencias del uso de armas digitales y drones autónomos.

Apuntalemos las relación entre ciudadanos y mercado

Primero, con transparencia para identificar los flujos de información y con reglas claras sobre cómo se tratan los datos por parte de las plataformas.

Segundo, mediante la interoperabilidad para poder conectar con nuestras redes sociales independientemente de la plataforma. Para conseguirlo, los gobiernos y las naciones deben actuar con firmeza y por ejemplo, demandar interoperabilidad si se alcanza un cierto tamaño de porción del mercado.

Tercero a través del control de nuestros datos y nuestro yo digital con voces como la de Martin Tisné que pide tres derechos inviolables: 1/de las personas antes un vigilancia indiscriminada, 2/ que nadie pueda ser manipulado a través de los datos y 3/ que nadie sea indiscriminado de manera injusta en base a datos.

Por último, estableciendo nuevos bienes públicos intangibles como una forma de organizar y gestionar recursos para el beneficio de la gente que lo utiliza.

Colaboración, resiliencia, y flexibilidad son las herramientas básicas para poder navegar por esta fase de transición.

Mi opinión

Compré “Exponencial: Cómo las tecnologías aceleradoras están dejándonos atrás y que hacer sobre ello” cuanto se publicó, porque sigo a Azeem Azhar a través de su newsletter «Exponential View» desde hace tiempo, y me gustan mucho sus artículos, selección de datos y aportación de expertos.

Sin embargo, el libro no ha alcanzado mis expectativas. A pesar del esfuerzo por ordenar conceptos e ilustrar con ejemplos, no aporta ninguna idea nueva, al menos para las personas que están más familiarizadas con el mundo tecnológico. Además, repite temas y principios con lo que se llega a hacer pesado por momentos.

Por ello, pienso que puede estar más orientado a otro tipo de público menos familiarizado con el tema al que mostrar los puntos de vista de un tecnólogo.

Lo que sí que me ha gustado es que no hace predicciones, no impone su punto de vista como una verdad absoluta y es realista cuando dice que con la velocidad con la que cambian las cosas, partes de este libro van a quedar pronto obsoletas.

Me encantaría que sus propuestas llegaran a oídos de los que tienen mayor capacidad de impulsarlas pero, veo algunas de ellas lejanas, e incluso insalvables, como por ejemplo «si el comercio no nos une internacionalmente, que lo hagan otros problemas globales como la ecología o los derechos digitales». Como digo, ojalá eso pase…

En cualquier caso, admiro al autor porque entiendo el esfuerzo de concienciar, aún en cuestiones utópicas, porque no queda tanto tiempo para actuar si queremos un mundo vivible en un espacio no tan lejano.

Y no niego que es un tema de actualidad que preocupa. Ya en mi publicación «Tecnosofía» en Atando Cabos coincidía con Azhar en la necesidad de prepararnos y desarrollar competencias que permitan adaptarnos a los problemas de un entorno cambiante.