Atando Cabos – Boletín #11: ¿Cuestión de suerte?

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¡Hola!  ¿Qué tal han ido las dos últimas semanas?

Por aquí, bien. Contenta. Ya es primavera o casi verano.

Ahora mismo estoy escribiendo con el fresquito de la mañana entrando por la ventana, los pájaros cantan y, poco a poco, la oscuridad se levanta.

Pájaro mañanero que es una y en ocasiones madrugo más que las aves.

Pero me encanta este momento del día donde somos yo y mis pensamientos, o ausencia de ellos.

Hace poco leí que los que piensan demasiado no pueden llegar a ser felices.

Quizá es verdad y, por ello, hay ratos que dejo que mi cabeza vague, o vaguee. Ambas.

Y este estado de ánimo estoy, con mi newsletter o boletín quincenal. Como prefieras llamarlo.

Espero que te guste o al menos ayude a que tu cabeza vague o vaguee también un poco.

💭 Hala Madrid

@nocontextfooty

La semana pasada, el Real Madrid lo volvió a hacer.

In extremis, en los minutos de descuento, cuando muchos “no se lo esperaban”, remontaba la semifinal de la Champions al Manchester City para ganar su puesto en la final de París.

No, no voy a escribir de fútbol. Reconozco que sé poco de este deporte y seguro que meto la pata con cualquier comentario pseudo-inteligente que intente hacer.

De lo que quiero hablar es de ¡qué suerte tiene el Real Madrid!

Pero, ¿es realmente suerte? ¿Es Fortuna la que decide cómo llega a sus resultados? Ya han sido demasiadas veces, ¿verdad? No voy a negar que un poco de ayuda de la diosa quizá haya, pero con matices.

Es cierto que, cuando se juega al límite, hay más probabilidad de que cuanto hay de suerte y estocástico decida la inclinación de la balanza. Sin embargo, me cuesta pensar que todo se deba a lo aleatorio.

Cuando ocurre una vez, puede. Cuando ocurre muchas, has conseguido que la suerte juegue de tu parte, con lo que la has hecho determinista en cierto modo y has dejado de lado gran parte del factor incertidumbre.

Si lo pensamos bien, tiene sentido. Estamos ante una de las grandes empresas deportivas del mundo.

Por un lado, se cree “la mejor”, y no es para menos en vista de los resultados, con lo que así se transmite de arriba abajo. El carácter campeón, junto con el orgullo, son algunos de los valores que el club se encarga de alimentar.

Por otro lado, el presupuesto que mueve le da acceso a los mejores trabajadores. Empleados estrella responsables, que se visualizan ganando, que no dan por perdido el partido hasta que suena el silbato y que siguen subiendo y bajando hasta el minuto ¿95?

Y son los valores y la calidad de la plantilla los que hacen de la suerte menos suerte.

Nos cuenta Naval Ravikant que su socio define cuatro tipos de suerte:

  • La primera, es la suerte ciega del destino. La que todos conocemos y que no controlamos.
  • La segunda, es la suerte que se consigue a través de la perseverancia, el trabajo duro y el estar continuamente en acción, que es cuando ocurren las oportunidades.
  • La tercera, es la que te da la experiencia, ese ojo clínico que hace que identifiques un golpe de ¿suerte? gracias a las señales que lo rodean.
  • La última, es la que te busca. Eres tan reconocido que te conviertes en único y es a ti a quien se recurre cuando alguien precisa esa singularidad.

¿Qué tipo de suerte tiene el Madrid?: ¿la ciega?, ¿se la ha construido?, ¿la anticipa? o ¿le busca?

¿Cuál es tu fortuna?

Ah, por cierto, no soy del Madrid. Realmente no soy de ningún equipo de fútbol pero, con mi capacidad innata de ponerme del lado de las causas perdidas, de este equipo no creo que fuera seguidora nunca 🙂

💡 De amuletos y cine

La suerte es la suerte y nadie quiere tentarla. Por ello, nos apoyamos en símbolos que creemos que la ponen de nuestra parte.

Hojas, animales, seres mitológicos, números y objetos simbolizan este anhelo que tenemos de que las cosas nos vayan bien y ¡hasta tienen su lista en la wikipedia!

De todos los símbolos, hoy me quedo con el “maneki-neko”, el gato de la suerte japonés. Esta estatuilla me provoca sentimientos encontrados.

Por un lado, me encanta su hospitalidad, esa bienvenida infinita del “siempre abierto” que invita a entrar.

Por el otro, los muñequitos japoneses nunca me han gustado especialmente. Este en particular, como recuerdo kitsch en dorados y rojos de sus versiones de tienda china de barrio.

A pesar de ello, su historia, la que tiene más promotores, resulta poética, como casi todos los cuentos del país nipón.

Dice la leyenda que el amuleto tiene su origen en el templo de Gotokuji de Tokio.

Durante el periodo Edo, este lugar sagrado fue el hogar de un humilde monje anciano y de su gata Tama.

Un día, el samurái Ii Naokata, fue sorprendido por una tormenta y se guareció debajo de un árbol cerca del templo.

La tormenta se complicaba y entre la lluvia, el caballero vio un gato, Tana, que levantaba y movía la pata invitándole a entrar.

El señor siguió la señal y, cuando se aproximaba al templo, un rayo partía por la mitad el árbol que le había estado resguardando.

El noble agradecido donó riquezas al lugar. Desde entonces, la gata con la mano en posición de llamada se convirtió en señal de buenos augurios en Japón.

“Maneki-neko” significa “gato que invitar a pasar”. Siempre se agradece que te inviten a un lugar. Por eso, leyendas aparte y a que creas más o menos en los augurios que un objeto te pueda traer, merece la pena recordar la metáfora de la historia que representa.

La verdad es que me encanta el simbolismo japonés, sobre todo el de su industria de animación.

Una de mis películas favoritas es el Viaje de Chihiro de Hayao Miyazaki.

En ella, una niña malcriada y miedosa se enfrenta a un mundo de dioses, seres mágicos y brujas que se convierte en una aventura de cambio, superación, aprendizaje y, al final, de crecimiento.

Si me tengo que quedar con una cosa, me gusta la evolución del personaje, de Chihiro. A pesar de la apariencia de suerte continua para salir de situaciones complicadas, si lo analizas en detalle, ves un objetivo claro y reconoces una manera de afrontar los retos, con empatía, bondad, valentía y cariño infinitos que solo puede salir bien.

¿Será cuestión de suerte, persistencia, trabajo, seguir intentándolo con honestidad…? o ¿lo dejamos en un cuento?

A propósito de la película, me he encontrado con el artículo El viaje espiritual de Sen y Chihiro que merece la pena. Explica detalles que no conocía pero, sobre todo, me ha dado ganas de verla y de volver a Japón. Eso sí, si no has visto la película, hazlo antes de leer la publicación.

Más ganas de ver cine tuve hace unos días cuando visité la exposición de Stanley Kubrick en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.  Quiero volver a repasar toda la filmografía del director.

Me resulta curioso ir a una exposición de este tipo de arte. Sigo prefiriendo ver una exposición de pintura, mi debilidad. O, quizá soy algo vaga y esta clase de exposición requiere mayor interacción de tu parte para leer, escuchar o visualizar explicaciones, planos, planes de rodaje, guiones, diseños de escenas, decorados y vestuario. Una estimulación completa de los sentidos.

Exposición Stanley Kubrick en CBE.

De la de Kubrick me quedo con tres cosas:

  • La variedad de géneros que abarcó: policíaco, bélico, ciencia ficción, historia, thriller psicológico, comedia, tecknopunk violento y Lolita. Todas ellas obras de autor. De Kubrick.
  • Su obsesión por Napoleón que se refleja en su biblioteca infinita para finalmente no poder grabar ninguna cinta sobre el general.
  • El guion gráfico de Saul Bass para las escenas de las batallas entre soldados y esclavos en Espartaco. Otra maravilla, entre tantas, de este diseñador gráfico.

No quiero descubrir más. Solo te animo a que vayas, eso sí, con toda la energía y tiempo del mundo para disfrutar de todos los detalles.

Fuentes: La hermosa leyenda detrás del famoso gato de la suerte.

🤖 Evaluando el resultado de un modelo analítico

Cuando puedes medir aquello de lo que hablas y expresarlo con números, sabes lo que estás discutiendo. Pero cuando no puedes, tu conocimiento es pobre e insatisfactorio. Lord Kelvin. Físico y matemático británico.

Utilizamos datos del pasado y algoritmos que guían y complementan nuestras decisiones cuando no queremos dejar que nuestras predicciones las decida la suerte ciega o únicamente la que da la experiencia.

Pero, ¿cómo sabemos que el resultado de un modelo de aprendizaje automático es correcto?

Sólo tenemos una manera, evaluando los resultados. Inspirada por tanto cine, he preparado un vídeo para ver lo que se necesita para evaluar la bondad y los resultados de nuestra solución de analítica avanzada. Me ha ayudado Enrique, una IA de primera generación que no utiliza grandes modelos de lenguaje para comunicarse en español.

Los cinco imprescindibles para validar un modelo analítico son:

Primero, modelo de referencia con el que comparar la nueva solución.

Necesitas una referencia comparativa para saber si vas por el buen camino.

Puede ser un modelo anterior o uno naive.

Recuerda que el aprendizaje automático es complejo y costoso. Necesitas conseguir resultados relevantes.

Segundo, medir la generación de valor.

Hay que tener un objetivo de negocio clave, acordado con los principales responsables, que permita medir la generación de valor.

Esto va de generar beneficios, no de hacer algo bonito y ¡ojo!, no es fácil.

De hecho, para mí es una de las partes más complejas de un proyecto de datos. Aunque uses técnicas de marketing de validación de hipótesis como las pruebas A/B, puede haber efectos colaterales que desvirtúen el resultado.

Tercero, explicatividad y accionabilidad.

El negocio necesitará conocer las variables relevantes que impactan en el resultado para afinar las campañas y los procesos.

Te recomiendo anticipar esta necesidad porque dirigirá la selección de la solución óptima. Recuerda que ¡los modelos de aprendizaje profundo son cajas negras y tienen truco!

Cuarto, viabilidad frente al valor esperado.

Vuelvo a la complejidad de estos proyectos. Lo normal es que se compliquen.

Si la mejora esperada con los datos y recursos que tienes no compensa el esfuerzo requerido, córtalo de raíz.

Tu científico de datos va a ser el mejor asesor para parar o simplemente no empezar.

Quinto, las métricas de los modelos.

Por fin, llego a las métricas. Podría parecer que solo hablamos de métricas cuando evaluamos modelos pero no, como veis, hay mucho más.

A pesar de que las he dejado para el final, son importantes porque son la prueba visible, el número de Lord Kevin, que indica si las cosas funcionan o no.

Hay métricas variadas según el tipo de algoritmo: clasificación, regresión y benchmarks de lenguaje natural y, es un tema farragoso que da para un libro, más que para una newsletter. Por ello, comparto un artículo que escribí hace un tiempo, para cuando tengas tiempo y ganas.

💊 Píldoras de información

🔊Algunas cosas que han pasado

Debido al tamaño, el entrenamiento de este tipo de soluciones solo está al alcance de grandes compañías y, hasta ahora, el resto con modelos similares únicamente permiten el acceso a resultados y normalmente de pago.

Goodfellow, director del departamento de aprendizaje automático de Apple hasta ahora, es una personalidad reconocida en el mundo del aprendizaje profundo con aportaciones relevantes como las redes generativas antagónicas.

⚓ Historias dentro de la historia

La cirugía de los hologramas. La historia se titula Wake up, Kondo! pero, el mismo autor ha propuesto este otro título y me ha gustado. No es la primera vez que menciono a Máximo Gavete porque no deja de maravillarme su capacidad de contar historias.

🧰 Herramientas que te hacen ganar tiempo

Te presento Animaker, una herramienta en la nube para hacer videos de animación.

En este caso no sé si te hace ganar tiempo porque te puedes entretener todo lo que quieras. De hecho, es el editor de video que he utilizado en el tema de inteligencia artificial de hoy.

Me gusta su estilo gráfico para videos con avatares y la facilidad de uso aunque, si necesitas algo más profesional, hay otras soluciones más potentes.

🎸​ Viaje interactivo a través de los grandes éxitos musicales

Otra impresionante historia visual de The Pudding. Siéntate, escucha y disfruta.

¡Hasta pronto!

Por favor, si te ha gustado, ¡comparte!

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